Los estigmas no cerrados de Justine (próximamente en SUMO)
Mi laureada incapacidá emerge de nuevo.
Mi indicativa debilidá no es un camino sin retorno, aunque pueda parecerlo.
Desmerezco de mi, de lo que pude y por desgana abandoné, puro demérito endogámico, éxtasis de verdadero placebo...

Justine se marchitó en mi con la elegancia que aún le proporciona su finiquitada juventud. Si algún día alcanzó a ser rosa sólo fue por el alimento proporcionado por su extenuante hambruna de vacio excremento, poderoso en esto de fortificar, puro dopaje y nulo tras el efecto. Esa es la paradoja de las rosas, su belleza depende tanto de la calidad de lo que se alimente que lo transforma y puede moldearlo.
Por eso no debemos subestimar la base de abono. Los alcaloides siempre llevan al mismo sitio: a la dependencia de la propia endorfina para buscarla dónde sea y cómo sea. Siempre volvemos a las necesidades, por dependencia, por elección consciente de la dependencia.