De las reglas de la convivencia (o del argumento ontológico de un croissant, sin buscar la retorsión)
Cuarto de la serie de siete.
Le fallé. Dos graves problemas me acuciaban y en vez de contárselos me
divertí con Vd, sin maldad, sólo huyendo del precipicio que se me venía.
Normalmente voy hacía él, pero ahora el abismo me persigue por la espalda y no,
lo siento, no tenía fuerzas para correr, sólo quería evadirme, oírla, beber y
no recordar lo que me sucedía, aunque fuese un instante o cien.
La realidad es así de asistemática y desestructurada.
Nunca los problemas se han solucionado hablando con los amigos,
podría, debería saberlo, pero no lo asumí. Sin embargo tenía necesidad de una
mentira al oído del menesteroso, cualquier falacia de apoyo si es venida de un
amigo endulza el tímpano, no hace más, el problema sigue ahí esperándote en la
esquina y ni siquiera se lo conté..